LOS HIJOS DE LA TIERRA

A lo largo de seis libros, Aiel nos cuenta la historia de Ayla, una cromagnon que nos muestra cómo era la vida del ser humano en la prehistoria.
Son unos libros que no me han dejado indiferente. Me han hecho viajar hasta las cuevas de los Neandertales, he convivido con animales que ya no existen, he visitados pueblos olvidados y descubierto paisajes desaparecidos. Me han hablado del amor, de la lucha, del afán de superación y de la búsqueda del sentido de la vida.

Tuve la fortuna (o la mala suerte) de podérmelos leer todos seguidos.

Si te gusta la novela romántica, aquí encontrarás una historia de amor y de las dificultades que se atraviesan por no comunicarse adecuadamente, por no expresar los sentimientos (o por expresarlos en demasía). Los encuentros amorosos y sexuales son constantes y detallados a lo largo de toda la saga (para mi gusto, a veces de más).

Si te gusta la historia, da la sensación de que la autora se ha documentado para escribir esta obra. No podría opinar si bien o mal, pues mis conocimientos sobre el mundo prehistórico son escasos. Sin embargo, se nota (demasiado) que ha intentado plasmar todo aquello que ha aprendido, resultando incluso, en ocasiones, tediosa la lectura por las múltiples descripciones de fauna, paisaje, construcción de herramientas, etc.
Durante el primer libro todas estas descripciones pueden resultar interesantes (de hecho, lo son); sin embargo, en el resto de libros las explicaciones son tan repetitivas e incesantes, y las regresiones a la historia pasada de los personajes (que ya has leído anteriormente) tan continuas, que el hilo conductor queda difuminado y a veces olvidado, dando al lector la sensación de pérdida que puede ocasionar el abandono de la lectura (yo estuve apunto).

A pesar de todo esto, a mi la historia me enganchó y persistí, pues quería saber qué pasaba con Ayla al final. Y cuando llegué al final, después de más de seiscientas páginas por libro, me defraudó notablemente. Me esperaba algo más impactante, algo que me infundiera la chispa de hacerme sentir que había merecido la pena leer Los hijos de la Tierra.

Así que, desgraciadamente, tengo una sensación agridulce con respecto a esta historia. Días después de haber terminado la lectura, aún seguía pensando en Ayla y en todo lo que había vivido junto a ella página tras página. Y a día de hoy, sigo recordando la historia con cariño, como quien echa de menos a alguien conocido.

Creo que, quizás, si los libros hubieran estado más centrados en contar una historia y no tanto en contar cómo se había ido formando dicho relato, podrían haber llegado mucho más allá y la sensación agridulce se hubiera convertido en tristeza por haber terminado la lectura.

Si lo recomendaría o no, creo  no estar preparada aún para poder decirlo. Os invito, no obstante, a que os aventuréis con Ayla en su mundo y que opinéis al respecto.

Un pensamiento en “LOS HIJOS DE LA TIERRA

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