Costumbres

Se había acostumbrado a esperar, a ser paciente, a posponerlo todo. Se había acostumbrado a las llamadas por teléfono, a sentir por correspondencia, a superar la frustración consigo misma. Se había acostumbrado a soñar despierta y a vagar dormida, a dejarse llevar por deseos que nunca se cumplirían. Se había acostumbrado a echar de menos y a querer en silencio. Se había acostumbrado a no sentir su presencia, a no oler su perfume, a no tocar su pelo, a no tener sus besos, sus abrazos… Se había acostumbrado tanto a estar sola, acompañada en la distancia, que cuando por fin le vio, le sintió, le besó, sólo notó la arraigada añoranza y, con tristeza, deseó no haberse acostumbrado nunca a su ausencia. 

 

“Tanto tiempo separados y ahora que puedo tenerla se aleja de mí sin poder hacer nada por retenerla”

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